El especialista del Programa Regional de Asistencia para Desastres destacó el papel de la educación superior en la investigación, la formación profesional y la toma de decisiones para reducir los riesgos en América Latina y el Caribe.
SANTO DOMINGO.– Las instituciones de educación superior están llamadas a desempeñar un papel determinante en la construcción de sociedades más seguras, preparadas y resilientes ante los desastres, afirmó Juan Ramos, especialista en Educación del Programa Regional de Asistencia para Desastres, conocido por sus siglas en inglés como RDAP.
Durante una entrevista exclusiva concedida a Alerta Metropolitana, Ramos explicó que su visita a la República Dominicana estuvo motivada por una invitación del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, MESCYT, para participar en dos importantes iniciativas relacionadas con la gestión del riesgo de desastres en el ámbito universitario.
La primera actividad consistió en la presentación de un cuadernillo orientado a la elaboración de planes de gestión del riesgo en las universidades. La segunda estuvo vinculada con la conformación de una red de instituciones de educación superior comprometidas con la gestión del riesgo de desastres y la sostenibilidad ambiental.
“Mi presencia en la República Dominicana obedece a la invitación del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología para participar en estas dos actividades, que representan pasos importantes para el fortalecimiento institucional de las universidades”, expresó.
El especialista valoró de manera positiva la creación de esta red, al considerar que representa un avance estratégico para integrar a las autoridades universitarias, técnicos, docentes e investigadores en un espacio permanente de coordinación, diálogo y generación de soluciones.
Al analizar el desarrollo de la gestión del riesgo de desastres en América Latina y el Caribe durante la última década, Ramos sostuvo que se han registrado avances importantes, especialmente en el nivel de compromiso mostrado por los responsables de tomar decisiones dentro de las universidades.
Señaló que durante años el impulso de estos procesos estuvo concentrado principalmente en técnicos y especialistas, pero que progresivamente las autoridades universitarias han comenzado a comprender la importancia de incorporar la gestión del riesgo dentro de las políticas, programas y estructuras institucionales.
“En los últimos diez años se ha producido un avance significativo. La gestión del riesgo ha ido calando entre los tomadores de decisiones dentro de las universidades y han surgido esfuerzos para que tenga un espacio importante dentro de la academia”, manifestó.
Ramos explicó que las universidades poseen una responsabilidad especial, debido a su capacidad para generar conocimientos, formar profesionales e impulsar investigaciones que contribuyan a prevenir los desastres y reducir sus posibles consecuencias.
A su juicio, la academia debe convertirse en un actor clave dentro de la sociedad, aportando información científica, análisis técnicos y propuestas que permitan a las autoridades adoptar decisiones sustentadas en evidencia.
“La academia está llamada a ser un actor clave, porque aporta conocimientos y una base sólida que permite tomar mejores decisiones y prevenir los desastres”, puntualizó.
Al proyectar el futuro de la gestión del riesgo en la educación superior para los próximos cinco años, Ramos indicó que visualiza universidades más fortalecidas y comprometidas con la generación de soluciones concretas para los territorios.
Consideró fundamental que las investigaciones universitarias no permanezcan únicamente en el plano teórico, sino que sean aplicadas a las comunidades y respondan a las amenazas, vulnerabilidades y necesidades específicas de cada zona.
“Debe ser una investigación aplicada a los territorios, que produzca soluciones y sirva como base para que los tomadores de decisiones puedan actuar en función del conocimiento”, indicó.
Según explicó, los resultados de estas investigaciones podrían apoyar a los gobiernos locales, autoridades regionales y organismos del Estado en la planificación de políticas públicas, programas de prevención y acciones de preparación y respuesta frente a emergencias.
El especialista también resaltó la necesidad de que las nuevas generaciones de profesionales egresen de las universidades con conocimientos esenciales sobre gestión del riesgo, independientemente de la carrera que hayan cursado.
Sostuvo que arquitectos, ingenieros, comunicadores, docentes, médicos, administradores y profesionales de otras áreas deben comprender cómo sus decisiones pueden contribuir a reducir vulnerabilidades y evitar la construcción de nuevos riesgos.
“Visualizo futuras generaciones de profesionales con conocimientos esenciales sobre gestión del riesgo, que les permitan tomar mejores decisiones, así como una comunidad universitaria comprometida con su comunidad y con su país”, afirmó.
Ramos exhortó a las universidades a participar activamente en los espacios de coordinación y trabajo vinculados con la gestión del riesgo de desastres.
Indicó que estos procesos no deben ser considerados como una responsabilidad exclusiva de los técnicos y especialistas, sino que requieren el respaldo directo de rectores, vicerrectores, decanos y demás autoridades académicas.
Aseguró que la participación institucional de las autoridades proporciona legitimidad, respaldo y mejores condiciones para que los equipos técnicos puedan desarrollar sus funciones.
“No debemos visualizar estos procesos solamente desde el punto de vista técnico o estratégico. También debe existir una participación activa de las autoridades universitarias, porque eso ofrece un mayor respaldo a los especialistas para desarrollar su trabajo”, sostuvo.
El representante del RDAP manifestó que las universidades poseen una elevada capacidad de incidencia en la sociedad, debido a la confianza que generan sus investigaciones, recomendaciones y aportes técnicos.
En ese sentido, consideró que una participación más activa de las instituciones de educación superior podría contribuir a elevar los niveles de conciencia de la población, mejorar la preparación comunitaria y fortalecer las políticas nacionales de reducción del riesgo.
“La sociedad tendrá un mayor nivel de confianza en las orientaciones y conocimientos que provengan de las instituciones universitarias”, agregó.
La conformación de una red nacional de instituciones de educación superior vinculadas con la gestión del riesgo representa, de acuerdo con el especialista, una oportunidad para articular esfuerzos, compartir conocimientos, promover investigaciones y desarrollar programas de formación que beneficien tanto a las comunidades universitarias como al país.
Ramos reiteró que la gestión del riesgo debe asumirse como un componente transversal del desarrollo y no solamente como una respuesta ante emergencias, destacando que la prevención, la planificación y la educación constituyen herramientas fundamentales para reducir las pérdidas humanas, sociales, económicas y ambientales provocadas por los desastres.
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